Valparaí­so es una Ciudad mágica, llena de historias y recuerdos,  por lo que te invitamos a conocer más sobre la Historia del Castillo, establecimiento donde se encuentra nuestro Hotel Puerto Natura

 

LA VILLA HISPANA Y EL CASTILLO COLLADO 

El aragonés SEBASTIíN COLLADO MAURI   arribó a Valparaí­so en 1911 en una época de fuerte inmigración española a Valparaí­so debido a la crisis económica en  la pení­nsula ibérica. Muchos españoles se embarcaron en Vigo con rumbo desconocido en busca un  mejor destino.  Unos empezaron a labrar su futuro en La Habana donde fundaron sederí­as, panaderí­as o tiendas  de comestibles. Otros se iniciaron como camareros en las confiterí­as de la Avenida de Mayo en Buenos Aires o en los restaurantes de ambiente ibérico del barrio de La Candelaria en Caracas.  Otros siguieron viaje y desembarcaron en Valparaí­so como fue el caso de este  arquitecto, gran constructor imaginativo y hombre de negocios que comenzó su actividad en el puerto fundando la Fábrica de Baldosas El Sol, entre Viña  del Mar y Quilpué, en la localidad de El Sol, precisamente, en medio de tierras de vendimias donde tení­an sus famosas viñas la familia Valencia.

Sebastián Collado fue el primero en el paí­s en tener una fábrica de baldosas y cerámicas que en esos años comenzaban a ser muy apreciadas por los nuevos arquitectos ya que se estaban levantando nuevas casas en Valparaí­so, tras el terremoto del año 1906.

Al cabo del tiempo, Sebastián Collado se edificó en 1923, un original castillo de reminiscencias ibéricas, de estilo neo medieval con sus torreones, rejas de fierro labradas y almenas en una ladera del cerro Bellavista, alhajándolo con todos los adelantos de la época y la decoración refinada de fines  de la década del 20.  Allí­, en Villa Hispania vivió con su joven esposa Marí­a Jaume Sales, catalana de origen mallorquí­n, a quien habí­a conocido en el ambiente de  la colonia española de Valparaí­so. Un retrato de la época la refleja muy bella con su mantilla de encaje, una rosa en el pelo y sosteniendo en las manos un abanico de plumas.  Con ella tuvo cuatro hijos: Antonieta, Nuri, Lucio y Mauricio que disfrutaron de la belleza de aquel castillo asomado a la quebrada en medio de los árboles y con vista al mar. Lamentablemente la joven esposa de solo 23 años, falleció en forma muy temprana de una repentina  operación.   Su esposo de 33 años nunca se pudo consolar de esa pérdida.  Ahora tení­a que hacerse cargo de sus cuatro hijos pequeños que ayudó a educar la madre de la joven. Sin embargo, pese a sus obligaciones, el padre nunca los descuidó  y fue  muy cercano a ellos, transmitiéndoles el amor al trabajo, la creatividad y la naturaleza. Además, se integró muy bien a la sociedad porteña, formando parte de la Séptima Compañí­a de Bomberos en la que ayudaba a apagar los incendios tan frecuentes en la ciudad del viento.

Más tarde, viendo que Villa Hispana le traí­a inmensos recuerdos de su esposa, quiso levantar otro castillo en 1935 que estuviese de todas formas cercano al anterior. Desde el nuevo hogar de tonos rojizos, levantado también en la ladera del cerro, proyectó todos sus sueños  pues tení­a una fantasí­a muy alocada y extravagante para los gustos convencionales de la época. En el jardí­n en declive que uní­a ambos castillos, tení­a cabras, perros, monos, pájaros y un inmenso tren eléctrico.  En ese enorme parque de terrazas escalonadas tení­a una vaca llamada Cerní­cala que unos parientes le enviaron desde el sur. También construyó una maravillosa piscina con baldosas decoradas de los años 30 que se mantiene intacta hasta el dí­a de hoy bajo los árboles y diversas fuentes, piletas de agua y hornacinas de cerámicas con motivos andaluces.

Otra de sus creaciones arquitectónicas fue el pasaje Temuco que empalma con la calle Yerbas Buenas y que también forma parte de ese gran proyecto arquitectónico que fue Villa Hispana.

"Ayer Soñé con Valparaí­so!
Manuel Peña Muñoz
6ª Edición - Año 2015
Páginas 271-272
 
 

HISTORIA DEL CASTILLO

Entretanto, el Castillo Collado, la segunda vivienda de Sebastián Collado, fue adquirido con posterioridad por Patricio Chau D'Andrea, de ascendencia china y su esposa Marí­a Eugenia Cisternas Román quienes transformaron la casa en el Hotel Puerto Natura dándole un ambiente de calidad para pasar una estadí­a agradable dentro del entorno de una casa tradicional porteña.

El hotel de la calle Héctor calvo se destaca por el buen gusto de las habitaciones decoradas con muebles Art Decó y denominadas con los nombres de los cerros de Valparaí­so: Barón, Bellavista, Florida y Mariposas. También están las habitaciones Bahí­a, Los Poetas, Esmeralda y Prat en las que reina el silencio, la fragancia a sándalo y un ambiente acogedor.

EI comedor de la casa refleja la atmósfera de los ambientes elegantes de las casas porteñas en el pasado, lo mismo el salón principal en el que resalta la maravillosa chimenea de cerámica que construyó su dueño original. Así­ mismo, en las paredes y bajo las enormes vigas a la vista hay incrustaciones de azulejos que brindan al espacio un ambiente hogareño. También en el último piso hay un recinto encristalado lleno de plantas y mosaicos, con una sorprendente vista al puerto.

Al bajar el jardí­n escalonado hay vistas espléndidas a los cerros en medio de naranjos, nogales, limoneros, ní­speros, papayos, paltos, cerezos y duraznos, todo en medio de pequeñas fuentes de aires andaluces. La bajada de los árboles continúa por la quebrada hasta la ladera donde se encuentra el primitivo Castillo Collado con su leyenda pretérita y un balcón natural abierto a los cerros y a la Sebastiana en altura. El conjunto de castillos y jardines que recibe el nombre de Villa Hispania es un ejemplo del esfuerzo de los inmigrantes españoles en Valparaí­so.

Es una suerte que el matrimonio Chau Cisternas haya recuperado la casa y le haya dado un nuevo significado para que los huéspedes tengan en ella "una experiencia de armoní­a''

¡Ayer Soñé con Valparaí­so!
Manuel Peña Muñoz
6ª Edición - Año 2015
Página 279